Es curioso lo fácil que es ver lo bueno en los demás y lo difícil que resulta reconocerlo en una misma. Nos acostumbramos a enfocarnos en lo que nos falta y no en lo que ya somos.
Pero el amor propio también se construye con pequeños reconocimientos diarios.
Reconocerte algo bonito no tiene que ser algo enorme. Puede ser agradecerte por haberlo intentado, por haber sido paciente, por haber sobrevivido a una semana difícil.
Cuando empiezas a hablarte con más amabilidad, cambia la forma en la que te miras y la forma en la que enfrentas los errores. Dejas de verte como tu peor crítica y empiezas a ser tu propio apoyo.
Este ejercicio también ayuda a construir una autoestima más real, no basada en la perfección, sino en el esfuerzo, el crecimiento y la constancia.
Preguntarte “¿qué hice bien hoy?” puede parecer simple, pero es una práctica poderosa para sanar la relación contigo misma.
Reconocerte no es vanidad, es autocuidado. Y tú también mereces escucharte decir cosas bonitas.
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