El crecimiento emocional no llega de golpe. No hay un día en el que despiertes y digas “listo, ya maduré”. Más bien, se nota en pequeños cambios en tu forma de pensar, sentir y relacionarte.
A veces, estás creciendo sin darte cuenta… hasta que miras atrás y notas que ya no reaccionas igual que antes.
Una de las señales más claras es que empiezas a poner límites sin sentir tanta culpa. Ya no te obligas a quedarte donde no estás bien y empiezas a priorizar tu paz.
También aprendes a comunicar lo que sientes en lugar de guardarlo todo o explotar. Entiendes que hablar con honestidad es más sano que callar por miedo al conflicto.
Otra señal es que dejas de tomarte todo tan personal. Empiezas a comprender que muchas cosas no son contra ti, y eso te da más calma y menos ansiedad.
Además, empiezas a ser más compasiva contigo misma. Te equivocas, sí, pero ya no te castigas igual. Aprendes, corriges y sigues adelante con más paciencia.
Crecer emocionalmente no es volverte perfecta, es volverte más consciente de ti. Y eso, aunque a veces duela, siempre es un paso hacia una vida más tranquila.
No olvides seguirnos en redes sociales:
Facebook
TikTok
Instagram
¡Lleva la revista Tú en tu tablet o celular!: Disfruta la Edición.