Un corazón roto duele en el cuerpo, en la mente y en el alma. No importa si fue una ruptura, una decepción o un amor que no pudo ser: el vacío se siente real y pesado.
Aunque nadie puede evitarte el dolor, sí existen formas más amables de atravesarlo sin perderte a ti en el proceso.
Lo primero es permitirte sentir. Llorar, extrañar, enojarte o confundirte no te hace débil, te hace humana. Reprimir lo que duele solo alarga el proceso y lo vuelve más pesado.
También es importante cuidar de ti en lo básico: dormir, comer, salir un poco al sol, hablar con alguien de confianza. No es magia, pero tu cuerpo necesita sostén mientras tu corazón se reacomoda.
Evita idealizar lo que fue. A veces recordamos solo lo bonito y olvidamos por qué terminó. Ser honesta contigo misma te ayuda a cerrar ciclos con más claridad y menos culpa.
Poco a poco, el dolor deja de ser el centro de todo. Vuelven las ganas, los planes, las risas. No porque olvides, sino porque aprendes a seguir con lo que te dejó esa experiencia.
Sanar no significa borrar lo vivido, significa integrar la historia sin que duela igual. Y aunque hoy parezca imposible, tu corazón sabe cómo volver a latir con calma.
No olvides seguirnos en redes sociales:
Facebook
TikTok
Instagram
¡Lleva la revista Tú en tu tablet o celular!: Disfruta la Edición.