Ver a una amiga sufrir es de las cosas más incómodas y dolorosas. A veces quieres ayudar, pero no sabes qué decir sin empeorar las cosas.
La buena noticia es que apoyar no siempre significa dar el consejo perfecto. Muchas veces, lo más importante es simplemente estar.
Escuchar sin interrumpir ya es una forma enorme de apoyo. Dejar que tu amiga hable, llore o se desahogue sin juzgarla puede ser más sanador que cualquier frase motivacional.
También puedes ayudar con pequeños gestos: acompañarla a dar una vuelta, llevarle algo que le guste o simplemente sentarte con ella en silencio. La presencia también abraza.
Evita minimizar lo que siente con frases como “todo pasa” o “podría ser peor”. Aunque tengan buena intención, a veces hacen que la otra persona se sienta incomprendida.
Decir algo tan simple como “estoy aquí contigo” o “no sé qué decir, pero no estás sola” puede significar muchísimo más de lo que imaginas.
No necesitas las palabras perfectas para ser una buena amiga. A veces, tu compañía ya es el mayor apoyo.
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