Sentir que no haces suficiente es una emoción más común de lo que creemos. Redes sociales, expectativas ajenas y estándares irreales nos hacen pensar que siempre vamos tarde o que alguien más lo está haciendo mejor.
La realidad es que el cansancio también cuenta como esfuerzo. Descansar no es fallar, y avanzar lento sigue siendo avanzar. No todo crecimiento es visible, y eso no lo hace menos valioso.
Aprender a reconocer tus pequeños logros puede cambiar tu perspectiva. Terminar algo pendiente, cuidar de ti, decir que no cuando lo necesitas… todo eso también es productividad emocional.
Compararte con otros solo borra tu propio proceso. Cada persona tiene tiempos distintos, batallas distintas y metas distintas. Lo que ves en otros es solo una parte de la historia.
No tienes que hacer más para valer más. A veces, lo suficiente es seguir aquí, intentándolo.