Coachella 2026 tuvo tres headliners para su primera semana. Tres shows distintos, tres energías completamente diferentes y una conversación que empezó en redes casi de inmediato. Porque cuando pones los tres sets uno junto al otro, algo se hace muy obvio muy rápido.
Lo que hizo Sabrina Carpenter
El viernes, Sabrina Carpenter transformó el escenario principal en Sabrinawood, un set cinematográfico con temática de Hollywood antiguo, 20 canciones y una fila de cameos de celebridades que incluyó a Susan Sarandon, Will Ferrell y Samuel L. Jackson.
Sarandon apareció en un auto vintage para dar un monólogo de casi siete minutos interpretando una versión mayor de Carpenter. Hubo bailarines vestidos de poodles, un letrero gigante de Sabrinawood, escenografía de estudio de grabación, bar y ciudad al estilo Broadway. Variety lo llamó “bizarro”. Los fans lo llamaron icónico. Y en redes, inmediatamente empezaron los comentarios de que había sido demasiado, que era exagerado, que quería llamar demasiado la atención.
Lo que hizo Karol G
Karol G cerró el domingo como la primera artista latina en headlinear Coachella, con un set de alta energía que incluyó un remix techno de Provenza y un espectáculo de fuegos artificiales.
Sus invitadas especiales fueron Becky G, Wisin y Greg González. El show se llamó TropiCoachella y fue, por cualquier métrica, un espectáculo completo. Aun así, parte de la conversación online se enfocó en analizar su cuerpo, su vestuario y si “merecía” estar donde estaba como primera latina en ese slot histórico.
Lo que hizo Justin Bieber
Justin Bieber, quien según reportes recibió 10 millones de dólares por headlinear, subió al escenario, se sentó en un banco detrás de una mesa con su laptop y para la segunda parte de su set abrió YouTube para poner sus videos musicales antiguos, incluyendo Baby, Never Say Never y Beauty and the Beat, cantando junto a las pantallas.
Sin coreografía, sin cambios de vestuario elaborados, sin escenografía mayor.
La reacción se dividió en dos. Un sector lo llamó “el peor show que he visto en mi vida” y señaló directamente el privilegio masculino. Hubo quien escribió: “Justin Bieber siendo el artista más pagado de Coachella y ofreció una actuación sin trabajo, sin presupuesto, y algunos lo están alabando. El privilegio de la mediocridad masculina es real.”
El otro sector lo defendió como un gesto auténtico y vulnerable de un artista que volvió a los escenarios después de años de luchar con su salud mental.
La conversación que dejó todo esto
Y aquí está el punto que vale la pena mirar con calma. Sabrina Carpenter presentó uno de los shows más elaborados en la historia reciente de Coachella y parte del internet lo vio como excesivo. Karol G hizo historia como la primera latina en headlinear el festival y, aun así, hubo quienes cuestionaron su lugar. Justin Bieber, por su parte, apostó por una propuesta mucho más simple y dividió opiniones entre quienes lo vieron como falta de producción y quienes lo interpretaron como algo auténtico.
Los tres headlinearon el mismo escenario. Los tres ofrecieron visiones completamente distintas de lo que puede ser un show hoy.
Y tal vez ahí está lo interesante. No todos los artistas buscan lo mismo sobre el escenario. Mientras algunos construyen experiencias visuales enormes, otros apuestan por conectar desde lo minimalista, desde la nostalgia o desde un momento más personal.
En el caso de Bieber, también hay quien lo ve como un artista que, después de tantos años en la industria, ya no necesita demostrar desde lo espectacular, sino desde su propia historia y presencia.
No se trata de quién lo hizo “mejor”, sino de cómo cada propuesta conecta de forma distinta.
Y si algo dejó Coachella este año, es claro: hoy más que nunca, no hay una sola forma de subirte a un escenario.
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