Miley Cyrus creció frente a millones de personas. Para muchos siempre será Hannah Montana, pero su historia va mucho más allá de una peluca rubia y canciones pop para adolescentes.
A lo largo de los años, Miley ha atravesado distintas etapas musicales, estéticas y personales, cada una marcando una versión más honesta y valiente de sí misma.
Su transición fuera de Disney no fue sencilla. Con álbumes como Bangerz, Miley rompió con la imagen infantil que la perseguía y mostró una faceta provocadora, polémica y sin miedo al qué dirán. Fue un golpe directo a las expectativas que otros habían puesto sobre ella.
Más adelante, exploró sonidos más personales y vulnerables en proyectos como Younger Now y Plastic Hearts, demostrando que no solo sabía reinventarse, sino también profundizar en su identidad artística.
Además de la música, su estilo y actitud se convirtieron en una declaración: Miley no quería encajar, quería ser libre. Y en ese proceso, inspiró a muchas personas a dejar de pedir permiso para ser quienes son.
Hoy, Miley representa una artista que entiende su pasado, abraza sus cambios y no le teme a evolucionar, incluso si eso significa incomodar.
La historia de Miley no es solo sobre fama, es sobre crecer, equivocarse y volver a empezar. Y quizá ahí está lo que la hace tan real y tan icónica.
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