Uno de los errores más comunes al estudiar es querer hacerlo todo al mismo tiempo. Dividir el contenido en pequeñas metas diarias ayuda a que el cerebro procese mejor la información y reduce la ansiedad.
Crear un espacio cómodo también hace la diferencia. No necesitas un escritorio perfecto, solo un lugar ordenado, con buena luz y sin distracciones innecesarias.
Tomar pausas es clave. Estudiar durante horas sin descanso suele ser menos efectivo que sesiones cortas con breaks para estirarte, tomar agua o respirar profundo.
Por último, sé amable contigo. No todos los días se rinde igual, y eso está bien. La constancia importa más que la perfección.
Aprender también es cuidarte. Estudiar con calma y equilibrio te permitirá avanzar sin perderte en el proceso.
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