Jenna Ortega no solo interpretó un personaje icónico, también abrió la puerta a una estética que conectó profundamente con la Gen Z. Su imagen dark, sobria y poco convencional se sintió auténtica en un momento donde muchas personas buscaban diferenciarse de lo perfecto y lo pastel.
Esta estética se caracteriza por tonos oscuros, siluetas estructuradas, maquillaje definido y una actitud introspectiva. Más que una moda, se convirtió en una declaración: sentirse cómodo con lo que no es “bonito” según los estándares tradicionales.
Jenna llevó este estilo más allá de la pantalla. En alfombras rojas y apariciones públicas, apostó por looks arriesgados, góticos y minimalistas, demostrando que lo dark también puede ser elegante y poderoso.
La razón por la que esta estética marcó tanto es porque representó una forma de identidad. Jenna mostró que abrazar lo distinto, lo intenso y lo emocional también es una forma de fortaleza.